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2.1.14

Cristales empañados




Fotografia bajada de Internet
Cada noche te miraba desde el resquicio de tu puerta entreabierta . Jamás imaginarías que detrás de ella me escondía, que tomaba apuntes de ti. Te veía sentarte en la cama, con las piernas cruzadas mientras pegabas recuerdos en tu gran cuaderno de pastas rojas. Sonreías y me hacías sonreír. Jamás imaginé que la vida fuera a tornarse así, que tú serías la película y yo el espectador. 
Tú sabías cómo matarme lentamente con tus gestos. Te quitabas la ropa y la dejabas caer, y tu piel quedaba entre las sombras de la pequeña lámpara de pie,  y tus dedos te peinaban y los míos luchaban por llegar a tu cuerpo. 
Tus sábanas blancas te abrazaban, y el aire del momento no era suficiente para sobrevivir. Y yo oculto, moviendo con calma la mano sobre el papel, enredando tus pestañas, revolviendo tu pelo y recorriendo tu cuerpo. Y de la nada surgiste, allí sobre el papel, para siempre. Y el pincel ponía color, y las sombras de las cortinas se movían en el suelo y acariciaban tu piel, empeñándose en crear  oscuridad.  Y yo, desesperado, dejé 
todo a un lado. Dejé las pinturas esparcidas por el suelo, pintando charcos, y terminé tu 
dibujo en tu piel 
Y  ocurrió que mi contorno lo trazaste con tus dedos y mi piel te era poca,  y mi cuerpo  
cada vez pesaba más y mi alma menos, y todo se llenó de color sin  pinceles,  solo porque 
tú y yo juntos hacíamos el amor en ese lugar elevado, con los cristales empañados 

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