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3.1.14

Cariño táctil






Yo a Alba no necesito verla con los ojos, puedo verla con mis manos. La miro mientras nos besamos porque la recorro con mis manos, así que supongo que ella tiene derecho a abrir los ojos de vez en cuando y mirar también. Y si bajas las manos por su cara, me la se de memoria: dos pequeñas montañas bajo sus párpados, y luego su boca, en la que prefiero no detenerme a describir, porque no se me da bien describir y mucho menos lo que siento cada vez que veo su boca con la mía.
Sus orejas se esconden tras su pelo, y cuando las consigo ver juego a perderme en ellas, como si fuera un laberinto, recorro cada pliegue con mi dedo. 
Y luego su cuello. Pocas veces me deja Alba ver su cuello, y cuando consigo verlo, se estremece a veces y otras, se hecha a reír. 
Sus manos siempre frías, son como las mías, pero mucho más pequeñas, y las encierro entre mis dedos y ella se deja esconder. 
Su pecho se esconde bajo la ropa, y cuando estamos muy juntos puedo sentir en mis manos su corazón latir. Me gusta su barriga, me gusta besarla y verla temblar. Y me gustan sus pies, pequeños como sus manos pero siempre calientes
Puedo ver a Alba cuando se perfuma y cuando no, porque Alba huele a Alba, sabe a Alba, y lo mejor es después de bañarse en el mar. Y sinceramente, no quisiera verla con los ojos, no lo necesito. Dudo que  pueda ser aún mejor.
Quiero verla de nuevo.  
Juro que reconocería a Alba entre un millón si ese millón se dejara tocar. 

2 comentarios:

  1. Tú lo que quieres es tocar a ese millón... :)
    Un beso!!

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  2. Todos los sentidos tienen su encanto... el tacto, seguro que proporciona el encanto de la caricia, y ese es un sentido que se comparte...
    Besos amigo!
    Gaby*

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