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9.12.13

Crecer en el silencio




Velas encendidas

Sonríen los muchachos con sus dientes de luna. 
Corren niños por toda la casa. La muchacha los observa, ahora sorbe el té, en esta tarde diáfana
Ahí están sus voces, la risa, el juego que los sacude, poniendo patas arriba toda la casa. Uno de ellos guía a la manada, es una suerte de líder joven y valiente. 
Las mujeres observan. No saben que ella las escucha. Esta niña es la muchacha que no juega. Hermosa a su manera. A todos conoce, en esta tarde, en este tiempo. 
De todos sabe aunque no quieran, de los niños y las viejas, de la criada que trae bollos, un poco de leche 
Y aunque no habla, todo lo dice con los ojos, y si alguien se fijara en ella sabría, sabría de qué modo, con qué intensidad desea la muchacha ser hombre para huir, ser niño de los páramos, volver a ese lugar oscuro que es el bosque En las manos queda esa luz que guardan las más niñas en los cabellos, entre los dedos largos. Esas manos que ahora encienden velas perfumadas, primero las blancas, luego las de colores

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