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15.11.13

hay luces que engañan


Luciérnaga: estrella con alas


Rodolfo, dijo mi abuela ven: te contaré un cuento


Hace muchos años en un país lejano, una princesa para encontrar el amor se encadenó a     una torre, y juró que hasta que el amor no se la llevara no se soltaría de sus cadenas, no bebería más agua que la que la lluvia el aportara y no comería otra cosa que no fuera la hierba y los frutos que brotaran a la sombra en la verdina de las rocas de la torre.
Pasó el tiempo y la princesa, que nunca había pisado el mundo real, comenzó a leer historias de caballeros y creyéndoselas esperó impaciente a que alguien que la amara acudiera pronto a rescatarla.
Sabía que el amor vendría poco a poco, que no lo amaría la primera vez, sino con el paso lento del tiempo, y que cuando necesitara volver a verlo cada día, estaría enamorada. 
Le habían contado que su amor tendría los ojos brillantes como la luna, y que en la noche la alumbraría con la llama de su fuego, así que apresurada por encontrarlo la princesa pasaba las noches esperando en la ventana, observando las estrellas, y creyó empezar a enamorarse de una de ellas.
Era la que más brillaba, la que cuando tenía miedo parpadeaba para que no se sintiera sola, y tal fue su amor que el ocaso se le juntaba con el alba, y ya ni comía ni bebía, su rostro cansado de espera y de angustia se consumió, sus brazos ya no eran brazos, sino esbozos de ramas retorcidas.  Sus ojos eran ahora el triste reflejo de su lisiada alma, y su cuerpo un tronco arrugado.
Una noche una luciérnaga se posó en su ventana La princesa jubilosa y delgada de no comer, logró desatarse de las cadenas, y cuando la luciérnaga emprendió vuelo y se internó en las malezas del bosque la princesa se precipitó al vacío y se sumergió tras ella, guiada por el tenue punto flotante de luz se hundió en la oscuridad, y atrapó la luciérnaga. 
Para que no volviera a escaparse le cortó las alas, y de dolor la luciérnaga murió. La princesa supo entonces que su amor no era ese, que su estrella no era aquel bicho apagado y débil, intento encontrar un claro desde el que observar el cielo estrellado, pero las ramas formaban un tapiz de hojas opacas.
Loca por no encontrarla, inmersa en la humedad de la noche, anidó sus raíces en el suelo y en hiedra se enroscó en sí misma, como el olmo y el fresno, esperando poder ver de nuevo las estrellas.

1 comentario:

  1. No está nada lejos de los que muchos entienden por amor, supongo que la idea de atraparlo se escapa de la realidad de otra palabra que va perfecta con él "libertad"...
    Y por cierto, el amor no se encuentra.. te encuentra, es su defecto es muy caprichoso.
    Besos x2
    disculpa mis ausencias... ;))

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