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28.10.13

seda negra humedecida






Aquel temblor del muslo y el diminuto encaje rozado por la yema de los dedos son el mejor recuerdo de unos días conocidos sin prisa, sin hacerse notar igual que amigos tímidos.
 
 Fue la tarde anterior a la tormenta, con truenos en el cielo. Tú apareciste en el jardín, secreta, vestida de otro tiempo con una extravagante manera de mirarme, jugando a ser el viento de un armario la luz en seda negra y medias de cristal tan abrazadas a tus muslos con fuerza con esa oscura fuerza que tuvieron sus dueños en la vida
 
Bajo el color confuso de las flores salvajes inesperadamente me ofreciste tu memoria de labios entreabiertos, seda negra humedecida, unos rojos difíciles y el rayo apenas vislumbrado de la carne, como fuego lunático como llama de almendro donde puse mi mano sin dudarlo
 
Por el jardín el ruido de los últimos pájaros, de las primera gotas en los árboles.
 
Aquel temblor del muslo y el diminuto encaje de vello traspasada su resistencia elástica; vencida por el paso de los años, vuelve a ser verdad, oleaje en el tacto arena humedecida entre las manos, cuando otra vez aquí, de pensamiento me abandono en la desolación de tus ingles
 
y dejo de escribir para llamarte
 
 

1 comentario:

  1. Qué creativo y metafórico eres al escribir!Das un toque parecido a las canciones de Sabina.
    Genio!
    Besucos

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