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28.3.11

Los Aretes de Isabella

La noche del sábado al domingo la prolongamos hasta que el sol estuviera suficientemente alto
había de comer lentejas antes de ir a casa, asi que cada uno contó una historia, como la que Carmen contó de sus abuelos Amelie y Paolo
Cuando fue mi turno, se produjo un  silencio, sólo mi voz y el tintineo de los cubitos de hielo en los vasos.
Hace cinco años conocí a una mujer que marcó mi manera de ser.
Intercambiamos tantas cosas en pocos meses, como muchas parejas en toda una vida.

Ananda me contó como una triada de diamantes es en su familia el símbolo de amor incondicional y de tradición, al ir pasándose de generación en generación esos pendientes.
Pero no era esa la historia que voy a contar, si no la que Ananda, me contó que ocurrió en su ciudad .
Finalizaba el siglo XIX, dos jóvenes de las mejores familias del lugar estaban enamorados desde la infancia. Las familias esta vez, si veían con buenos ojos el enlace.
Piero como regalo de prometida fabricó con habilidad unos aretes con perlas incrustadas
Isabella aceptó con agrado el regalo que Piero hacía
" Póntelos, quiero verte con ellos"
"Piero, amor, no tengo mis orejas taladradas, déjame un día, mañana los traeré puestos"
Dio la casualidad que su madre estaba en Milán comprando vestuarios para la boda que sería en unos días
La curandera tampoco estaba, había luna llena y cuando eso ocurre recoge plantas medicinales y regresa varios días después
Isabella recurrió al cocinero de la taberna de enfrente.
Hombre forzudo y rudo, capaz de matar de un puñetazo a una res
"Yo te los taladraré Isabella "
He hizo que Isabella pusiera la cabeza ladeada sobre el tajo de madera, colocó un pincho sobre el lóbulo de la oreja y de un golpe seco con una maza de madera, quedó el taladro hecho
" Si de duele ponte un ungüento de romero y vinagre en la herida."
Al día siguiente Isabella radiante con sus pendientes paseó orgullosa con piero por la ciudad
Pasaron varios días e Isabella comenzó a tener fiebres y rigideces musculares, el brazo izquierdo quedó rígido, y su boca torcida con una mueca de risa hierática
"Es el tetanus" dijo la gente, culpando al cocinero por su rudeza, a la curandera por no estar..., pero de nada valía ya buscar culpables
La ceremonia de la boda se llevó a cabo, casi en la intimidad
Isabella lloraba de desgracia y dolor, Piero se sentía impotente.
Yacieron la noche de  bodas y a pesar de la delicadeza de Piero, Isabella no dejaba de gemir de dolor.
La curandera apiadada del terrible final que el destino deparaba para Isabella, facilitó una pócima de dulce sabor , a vainilla y sándalo
Paolo la tomó y mantuvo en su boca, para después compartirla en un beso, EL beso
Un sopor les invadió y la noche fue dulce con ellos tendiendo su manto
Ananda cuenta cómo juntos fueron enterrados en una loma,  a dos pasos plantaron un roble como símbolo de su cariño
Ahora es el roble del amor, donde los jóvenes se juran promesas de fidelidad

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5 comentarios:

  1. Más allá de la razón, más allá de la vida, se puede llegar a amar
    Ésto sólo ocurre una vez de una de las siete vidas

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  2. Deseo que no solo ocurra una vez en las siete vidas de un gato.
    Feliz semana Javier,

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  3. Si solo puede ser en una, debería ser en la séptima sin duda alguna, porque para qué tener más después de algo así?
    Beso-t

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  4. Romanticismo puro con final trágico... la debilidad de esta sirena, miles de besosss

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  5. Mira aún me duele la oreja, tenía que esperar, por favor, es que la historia es bonita, pero el cocinero un bestia, que horror, vamos, me has dejado traumatizada, menos mal que tengo las orejas abiertas desde pocas horas de nacer, del resto, me quedo con ellas cerradas, por los siglos de los siglos. Besitos.

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